El legado de Le Corbusier: El hombre que quiso rediseñar el mundo con geometría
A diferencia de Jane Jacobs, el arquitecto suizo-francés Le Corbusier veía la ciudad del siglo XX como una máquina obsoleta, ruidosa y caótica que necesitaba una cirugía radical. Su respuesta a los problemas de hacinamiento de la Revolución Industrial fue el racionalismo extremo. Propuso un modelo urbanístico basado en la simetría, el orden y la tecnología, plasmado en conceptos como la “Ville Contemporaine” (Ciudad Contemporánea), donde la arquitectura debía ser tan eficiente como una línea de ensamblaje.
Su propuesta más revolucionaria —y controvertida— consistía en demoler los centros históricos de las ciudades para construir enormes rascacielos uniformes de hormigón, rodeados por gigantescas áreas verdes. Para Le Corbusier, la solución era separar la ciudad de forma estricta en zonas exclusivas: un sector para vivir, otro para trabajar, otro para el ocio y autopistas elevadas que los conectaran. El automóvil no era un problema, sino el eje central sobre el cual debía diseñarse el futuro.
Aunque sus ideas fueron criticadas años después por crear entornos fríos, aislados y dependientes del coche, el impacto de Le Corbusier fue inmenso. Su visión de «bloques de viviendas en el mapa» definió la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, inspiró la creación de ciudades enteras desde cero como Brasilia y cambió para siempre la forma en que entendemos la vivienda colectiva y el urbanismo a gran escala.
