El filósofo que inventó «El derecho a la ciudad»

Henri Lefebvre (1901–1991)

Mucho antes de que el concepto se volviera un eslogan utilizado por activistas y gobiernos de todo el mundo, el filósofo y sociólogo francés Henri Lefebvre acuñó en 1968 una frase que transformaría el pensamiento social: El derecho a la ciudad. Para Lefebvre, la ciudad no es simplemente una colección de calles, monumentos y edificios de hormigón que contemplamos pasivamente; la ciudad es un producto vivo, una obra de arte colectiva que se construye y transforma día a día a través de las relaciones de las personas que la habitan.

Su propuesta teórica más importante gira en torno a la producción del espacio. Lefebvre argumentaba que el espacio urbano no es neutral ni inocente. Bajo el sistema capitalista moderno, el espacio se produce como una mercancía para ser comprada, vendida y utilizada para generar ganancias. Frente a esta «visión de negocio», él defendía que el espacio debe ser un lugar para el valor de uso: un escenario para la vida cotidiana, el encuentro, la fiesta, la creatividad y la participación política de los ciudadanos, sin importar su clase social.

El auténtico «derecho a la ciudad» según Lefebvre no significa únicamente el derecho a consumir lo que la ciudad ofrece o a tener acceso a los servicios básicos. Es algo mucho más profundo: es el derecho de los ciudadanos y las comunidades marginadas a tomar el control sobre cómo se diseña y se gestiona su propio entorno. El legado de Lefebvre sigue siendo una brújula fundamental para recordar que la ciudad pertenece a quienes la viven y la transforman con sus pasos, y no a quienes buscan especular con ella.

¿Qué te parece? ¿Sientes que en tu ciudad los ciudadanos tienen voz para decidir cómo cambia su entorno?